Portal Semanario
Año 13. No. 692. del 07 al 13 abril 2019
Premio de Comunicación Alternativa

 

VAMOS A LA OBRA

 

ZAPATA Y SU LLAMADO A LA CLASE OBRERA

La necesidad de una alianza obrero-campesina

Tomado de los libros Emiliano Zapata de Baltazar Dromundo

y Emiliano Zapata. Crisol de la Revolución Mexicana de Saúl Chávez Peralta

 

Por Carlos Guillén Soriano,

Integrante del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear

y colaborador voluntario de Frecuencia Laboral,

Publicación Original del Portal www.frecuencialaboral.com

Hablar del General Emiliano Zapata es hablar de la lucha de los trabajadores del campo, de los pueblos originarios, de la tierra. Es hablar de la Revolución Mexicana y sus ejércitos campesinos y de algo que poco se conoce, su preocupación por los trabajadores urbanos. Es recordar la toma de la Ciudad de México en diciembre de 1914.

Aunque se ha escrito mucho sobre el General Zapata, siempre habrá nuevas enseñanzas en la lectura sobre él, pero sobre todo de lo que el propio Zapata escribió.

En algunos escritos se refirió a la clase obrera, mostrando lo claro que tenía la necesidad de la alianza obrero campesina y cómo la burguesía en el poder se había aprovechado de los trabajadores en su beneficio. Presentamos fragmentos de dos cartas, que podría pensarse que fueron escritos en la actualidad, en las que menciona a los trabajadores. Una carta dirigida a Venustiano Carranza y un Manifiesto a los obreros de la república.

 

A VENUSTIANO CARRANZA (1)

Cuartel General del Ejército Libertador en el Estado de Morelos, Marzo 17, 1919

(. . . )

En materia obrera, con intrigas, con sobornos, con maniobras disolventes, y apelando a la corrupción de los líderes, se han logrado la desorganización y la muerte efectiva de los sindicatos -única defensa, principal baluarte del proletariado en las luchas que tiene que emprender por su mejoramiento.

La mayor parte de los sindicatos sólo existen de nombre; los asociados han perdido la fe en sus antiguos directores, y los más conscientes, los que valen, se han dispersado llenos de desaliento.

Hoy se trata, al parecer, de infundirles vida nueva, pero con miras políticas (como siempre) y bajo la corruptora sombra del poder oficial. Acabamos de ver mítines obreros presididos y “patrocinados” (!) por un gobernador de provincia bien conocido como uno de los servidores incondicionales de usted.

(. . . )

A los obreros de la República ¡Salud ! (2)

Hermanos de las ciudades, venid al encuentro de vuestros hermanos de los campos; hermanos del taller, venid a abrazar a vuestros hermanos del arado; hermanos de las minas, del ferrocarril, del pueblo, salvad a los ríos, las montañas, los mares y confundid vuestro anhelo de libertad con nuestro anhelo, vuestra ansia de justicia con nuestra ansia.

¡Obreros de Puebla, de Orizaba, del Ebano, de Necaxa, obreros y operarios de las fábricas y de las minas de la República, acudid a nuestro llamado fraternal; 

Falaz y artero el carrancismo, esa burguesía uniformada de amarillo y ceñida de cananas, vistió ayer apenas la blusa noble del taller y fingió tenderos la mano; su voz se tornó halagüeña y compasiva, y, con el timbre de la elocuencia libertaria entonó con vosotros el himno de las reivindicaciones obreras. 

Vosotros no podéis estar con vuestros enemigos. Vuestras reclamaciones son parecidas a las nuestras. Exigís aumento de jornal y reducción de horas de trabajo, es decir, mayor libertad económica, mayor derecho a gozar de la vida; es lo que nosotros exigimos al proclamar nuestros derechos a la tierra. Sólo que, menos tiranizados que nosotros creísteis encontrar en el pacifico sindicato, la fórmula infalible que pusiera remedio a vuestros males; en tanto que nosotros no pudimos ni debimos pensar sino en las armas porque cuando el oprimido no es dueño ni aún de lamentar su suerte, entonces no queda a este oprimido, otro camino digno ni otro gesto redentor, que el de esgrimir las armas, proclamando vencer o morir; morir primero, antes de continuar más tiempo siendo esclavo.

Que las manos callosas de los campos y las manos callosas del taller se estrechen en saludo fraternal de concordia; porque en verdad, unidos los trabajadores, seremos invencibles, somos la fuerza y somos el derecho; ¡somos el mañana!

¡Salud, hermanos obreros, salud, vuestro amigo el campesino os espera!

Referencias bibliográficas:

(1) Baltasar Dromundo.  Emiliano Zapata . México, Imprenta Mundial, primera edición 1934. p. 178-184.
Saúl Chávez Peralta.  Emiliano Zapata. Crisol de la Revolución Mexicana . Editorial Renacimiento, S.A. México, 1972, p. 341-350.

https://www.bibliotecas.tv/zapata/1919/z17mar19.html

(2) http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1918_207/Manifiesto_de_Emiliano_Zapata_a_los_Obreros_de_la__599.shtml

 

 

 

 
   
 
 

 

 
 
 
 
 

 

 

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